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Comunicación22 de agosto de 2026

No vas a hablar en un escenario. Vas a hablar en la junta del lunes.

Por Javier A. Nieto

Cuando alguien escucha "club de oratoria" se imagina un escenario. Pero los momentos donde de verdad se necesita hablar bien son otros: la junta, la entrevista, la llamada donde nadie te conoce.

Cuando alguien escucha "club de oratoria" se imagina un escenario. Un micrófono, luces, doscientas personas sentadas y alguien dando un discurso.

Y piensa, con toda razón: yo no voy a hacer eso nunca.

Probablemente sea cierto. La mayoría de las personas no van a dar un discurso en un auditorio en toda su vida.

Pero esta semana vas a hablar en una junta. O vas a explicarle algo a tu jefe. O te va a tocar presentarte en una llamada donde nadie te conoce. O vas a pedir algo que te da pena pedir.

Ahí es donde se usa esto, y ahí es donde casi nadie lo practica.

Los momentos que sí llegan

Hicimos memoria de dónde se le complica a la gente hablar, y ninguno de estos pasa en un escenario:

  • Te preguntan algo en una junta y contestas dando vueltas hasta que alguien más toma la palabra.
  • En una entrevista de trabajo te piden que hables de ti y no sabes por dónde empezar.
  • Tienes razón en una discusión, pero el otro se explica mejor y gana.
  • Te toca dar una mala noticia y la suavizas tanto que nadie entiende que era mala.
  • Te presentas en una reunión y a los diez segundos ya nadie sabe qué haces.

Ninguno requiere talento para el escenario. Los cinco requieren la misma cosa: poder ordenar una idea mientras la estás diciendo, con gente mirándote.

Eso es una habilidad. Y como toda habilidad, se practica o no se tiene.

Por qué esos momentos se sienten tan difíciles

Porque son en vivo. No hay borrador.

Escribir es fácil de arreglar: escribes, relees, cambias, mandas. Hablar no. Lo que sale, salió, y mientras lo dices ya se te está acabando la atención del otro.

Por eso la gente que escribe bien no necesariamente habla bien. Son dos deportes distintos y solo uno se practica en la escuela.

Tres cosas que se practican aquí y sirven el lunes

1. Contestar primero, explicar después.

El error más común al improvisar es contar todo el recorrido antes de llegar al punto. De dónde vienes, cómo pasó, qué estabas pensando. Y cuando por fin llegas a la respuesta, ya nadie está escuchando.

Se practica al revés: una frase que conteste la pregunta, y ya después el porqué. Si se te acaba el tiempo a media explicación, no importa: lo importante ya salió.

2. Aguantar el silencio.

Cuando se te va la idea, el impulso es rellenar. Este…, o sea…, entonces….

Quedarte callado dos segundos se siente eterno de tu lado. Del otro lado no suena a que te perdiste: suena a que estás pensando. El silencio no se nota. El "esteee" sí.

3. Que te digan qué hiciste bien y qué no.

Esta es la que más cuesta y la que más sirve. Después de que alguien habla, otra persona le dice qué funcionó y qué se puede mejorar. No para criticar: para que la próxima salga mejor.

Casi nadie recibe eso nunca. En el trabajo te dicen "estuvo bien" y ya. Y con "estuvo bien" no se corrige nada, porque no sabes qué parte estuvo bien.

Esto no se aprende leyendo

Puedes leer diez libros sobre hablar en público —hay muy buenos— y seguir trabándote en la junta del lunes.

No porque los libros estén mal, sino porque el problema no es de información. Nadie se traba por no saber la técnica. Se traba porque tiene gente enfrente, y eso no se ensaya solo.

Se necesita el lugar donde equivocarse no cueste nada. Practicar frente a tu jefe sale caro; practicar aquí, no.

Cómo es venir

Nos vemos los miércoles de 7 a 8 de la noche, hora de la Ciudad de México. Es en línea y todo es en español. Hay gente de México, Estados Unidos, Canadá y Perú.

Vienes como invitado, sin pagar y sin compromiso:

  1. Te mandamos el enlace de Zoom.
  2. Ves discursos e improvisaciones. Aprendes mirando, sin presión.
  3. Si quieres, contestas una pregunta corta. Si no quieres, no pasa nada.
  4. Al final decides con calma. Si te gustó, te decimos cómo unirte. Si no, gracias por venir.

Ese punto 3 es el que más preguntan, así que va otra vez: nadie te va a poner a hablar en tu primera visita si no quieres. Puedes venir solo a ver.

Llevamos más de 300 sesiones haciendo esto. Todos los que hoy hablan tranquilos llegaron un miércoles sin saber qué esperar.

Escríbenos la palabra "invitado" y te mandamos el enlace.

¿Quieres practicar esto en vivo?

Asiste como invitado a una sesión →